23 de agosto de 2026
La mirada vigilante
Los documentos acumulados durante la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay, conocidos como los Archivos del Terror, representan una de las pruebas más contundentes de cómo el poder político puede convertir la vigilancia sistemática en un instrumento de dominación.
Más de 700.000 folios, descubiertos en 1992 en una comisaría de Lambaré, registraban con meticulosa burocracia la vida íntima de la ciudadanía: fichas prontuariales, declaraciones indagatorias, informes de inteligencia, fotografías y hasta cintas de audio de controles realizados. Esta documentación, que hoy es Patrimonio de la UNESCO, evidenció la existencia de la Operación Cóndor y permitió que "del rumor siniestro" se pasase "a la verdad probada".
Panóptico en Guatemala
En Guatemala, el Archivo Histórico de la Policía Nacional, AHPN, con sus 80 millones de registros (8 kilómetros en línea recta si se integran uno tra uno los documentos), narra una historia similar. Durante décadas, ambos cuerpos de inteligencia tejieron una red de informantes y delatores que mantenía "perfectamente vigiladas todas las actividades públicas o privadas de la población" . La policía registraba todo, y como señaló un juez guatemalteco, "que tras la caída de la dictadura hubieran mantenido los archivos habla de lo impunes que se sentían".
No se trataba sólo de reprimir; era una tecnología de control que buscaba producir saber sobre los individuos para gestionarlos, clasificarlos y, en última instancia, someterlos.
Vigilar, perseguir y castigar
Este modelo de vigilancia encuentra su marco teórico en la obra de Michel Foucault, Vigilar y Castigar. Foucault analiza el Panóptico de Bentham —una estructura arquitectónica donde una torre central permite observar sin ser visto— para explicar el surgimiento de la "sociedad disciplinaria".
En ella, el poder no necesita ejercerse constantemente por la fuerza bruta; basta con que el vigilado sepa que puede ser observado en todo momento para que interiorice la disciplina y regule su propio comportamiento. Foucault describe cómo "las disciplinas reales y corporales han constituido el subsuelo de las libertades formales y jurídicas", es decir, que la promesa de derechos civiles se asienta sobre un sustrato de control efectivo sobre los cuerpos y las conductas.
Los archivos de Stroessner y la Policía guatemalteca funcionaron como un Panóptico de baja tecnología, pero eficaz: una burocracia represiva que clasificaba, archivaba y vigilaba. Pero el panoptismo no era solo una metáfora; era una práctica concreta de "cuadriculación total del espacio social y la vigilancia incesante". El objetivo era "anular los efectos de las distribuciones indecisas, la desaparición incontrolada de los individuos", convirtiendo a cada ciudadano en un "átomo: observable y manejable". Lo que hoy denominamos "bases de datos" no es sino la versión digitalizada de aquellas fichas policiales.
El ojo de Palantir
Es aquí donde la historia se conecta con el presente. La irrupción de Palantir Technologies en América Latina representa la culminación de este proceso con herramientas exponencialmente más poderosas. Fundada por el multimillonario Peter Thiel con respaldo de la CIA, Palantir procesa datos masivos para crear perfiles de individuos mediante "análisis de vínculos". Como ha ocurrido en el NHS británico, donde se construye una "Ontología de Persona, que unifica historiales clínicos, migratorios y de movilidad, su tecnología permite "inferir” conductas personales de una manera que, según analistas, es "el sueño del Gran Hermano de un gobierno totalitario".
En Ecuador, Palantir ya ha comenzado a integrar datos de Seguridad Social con inteligencia de aduanas y control fronterizo. Esta expansión, que incluye reuniones con los gobiernos de Argentina, Chile y Paraguay, plantea un escenario que Foucault anticipó con inquietante precisión: la posibilidad de una vigilancia permanente e invisible que no necesita un vigilante concreto para ser efectiva. Si los archivos del terror eran el Panóptico de papel, Palantir es su materialización algorítmica, una mirada digital que ya no se limita a registrar la disidencia, sino que aspira a predecir y gestionarla.
En este sentido, la historia de los Archivos del Terror no es un relicario del pasado, sino un espejo del presente. La pregunta que surge no es si la tecnología es buena o mala, sino quién la controla, con qué fines y bajo qué mecanismos de rendición de cuentas. Para honrar la memoria de quienes sufrieron la vigilancia estatal bajo Stroessner y el AHPN en Guatemala, la región no puede permitir que el nuevo Panóptico digital repita los mismos errores, esta vez disfrazado de modernización y eficiencia.
