1 de octubre de 2026
Las elecciones del próximo domingo 4 de octubre en Brasil son mucho más que un cambio de gobierno, son una decisión crucial para la supervivencia de la Amazonía, los derechos de los pueblos originarios y la capacidad de América Latina de resistir la injerencia externa. Una victoria de Lula abriría una ventana para revertir la degradación amazónica, mientras que un triunfo de Flávio Bolsonaro significaría la continuidad de las políticas de destrucción de la selva. Más aún, en un contexto de creciente intervención de Washington en las elecciones latinoamericanas, el rumbo político de Brasil —la mayor economía de la región— tiene un efecto demostrativo que trasciende sus fronteras.
Lula y el dique de contención para la Amazonía y los derechos originarios
La orientación política de Lula en materia ambiental y de derechos indígenas contrasta radicalmente con la de la familia Bolsonaro. Durante sus dos primeros mandatos y en su actual tercer período, su gobierno redujo drásticamente las tasas de deforestación en la Amazonía.
Desde que volvió al poder en 2023, la superficie deforestada anualmente cayó más del 50%, acercándose a mínimos históricos. Los datos de monitoreo muestran que el año pasado la pérdida de vegetación nativa en Brasil disminuyó un 20,6% respecto al año anterior, el nivel más bajo desde 2019. Estas cifras indican que el refuerzo de la fiscalización y el monitoreo satelital prometidos por Lula están dando resultados concretos.
En materia de derechos indígenas, Lula restableció el procedimiento de demarcación de tierras ancestrales que su predecesor había interrumpido. Durante una visita a la región del Xingu, Lula afirmó explícitamente que los pueblos originarios tienen derecho a reclamar todas las tierras necesarias para preservar su cultura, y declaró que "ningún rey ni presidente es más representativo que nuestro cacique Raoni". Su gobierno creó el primer Ministerio de Asuntos Indígenas en la historia de Brasil, encabezado por una mujer indígena, algo sin precedentes en el país. Aunque los líderes originarios se quejan de que el proceso de demarcación sigue siendo lento, el propio Lula reconoce que "aún queda mucho por hacer".
La dirección es clara: los territorios indígenas son una de las barreras más eficaces contra la deforestación y la minería ilegal, ya que en estas tierras legalmente protegidas la tala es un delito.
La familia Bolsonaro es una amenaza inequívoca para la selva y los derechos
Flávio Bolsonaro es el heredero político de su padre, Jair Bolsonaro. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), la deforestación amazónica se disparó a sus niveles más altos en más de una década. Nombró ministro de Medio Ambiente a Ricardo Salles, condenado por fraude ambiental, quien desde ese cargo desmanteló sistemáticamente la capacidad de fiscalización del ministerio. El gobierno de Bolsonaro también emitió instrucciones normativas que permitían otorgar títulos de propiedad privada sobre tierras indígenas no demarcadas, abriendo de facto la puerta al acaparamiento y la invasión de tierras.
Las consecuencias fueron catastróficas. Las invasiones de territorios indígenas se multiplicaron por más de tres. En el territorio yanomami, la superficie forestal destruida por la minería ilegal aumentó un 308,8%; unos 20.000 mineros ilegales irrumpieron en la zona, provocando la contaminación de los ríos con mercurio, brotes de malaria y la muerte de al menos 570 niños yanomami por intoxicación mercurial, desnutrición y hambre. Flávio Bolsonaro ya ha dejado claro que continuará esa línea. Ante empresarios agropecuarios en el estado de Mato Grosso declaró: "Si depende de nuestro gobierno, no se demarcará ni una sola de esas reservas".
Significado geopolítico: un contrapeso a la ola de injerencia en América Latina
Esta elección tiene otra dimensión: el rumbo político de la región. En los últimos años, fuerzas de derecha en Honduras, Costa Rica, Chile, Colombia y Perú han avanzado electoralmente con el respaldo de Trump. La intervención militar directa de Estados Unidos en Venezuela —que derivó en la captura/secuestro de Maduro y en víctimas civiles— ha agravado aún más la tensión regional.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el expresidente de Colombia, Petro, condenaron públicamente esa intervención, subrayando que la soberanía y la autodeterminación "no son opcionales ni negociables".
Lula es una figura emblemática de la izquierda latinoamericana y ha declarado ante las Naciones Unidas que "Brasil no es el patio trasero de nadie". Su reelección proporciona a la región un ancla de peso para resistir la injerencia externa. Los servicios de inteligencia han informado al gobierno brasileño de niveles "críticos" de presión estadounidense sobre el proceso electoral. Si la familia Bolsonaro recuperara el poder en Brasil, el país más grande de América Latina se sumaría al bloque de extrema derecha, debilitando la capacidad de resistencia colectiva frente a presiones externas.
Situación electoral y urgencia
La contienda está muy reñida. Las encuestas más recientes muestran a Lula liderando en primera vuelta con entre 39% y 42% frente al 34%-37% de Flávio Bolsonaro. Sin embargo, en las simulaciones de segunda vuelta ambos candidatos están empatados dentro del margen de error: Lula 46% y Bolsonaro 44%. Ningún candidato alcanzará la mayoría absoluta en primera vuelta, por lo que una segunda vuelta el 25 de octubre parece casi inevitable.
La trascendencia global de esta elección radica en lo siguiente: la Amazonía ya ha perdido entre el 15% y el 17% de su superficie original, y los científicos advierten que el 25% es el "punto de no retorno". Superado ese umbral, la selva no podrá mantener su propio ciclo hidrológico, grandes extensiones se degradarán a sabana, liberando enormes cantidades de carbono almacenado y acelerando el calentamiento global. La reelección de Lula es un paso clave para detener ese proceso. El regreso de la familia Bolsonaro podría volver ese objetivo inalcanzable.
La decisión de los votantes brasileños quedará inscrita en el futuro del planeta. Proteger la Amazonía no es responsabilidad exclusiva de Brasil, pero el resultado de sus elecciones, determina si esa batalla aún puede ganarse. El mundo observa sosteniendo la respiración.