Francisco González *

¿Cómo fue que Walter Mazariegos se enquistó en la Universidad?

10 de octubre de 2026

 

Si usted leyó ese titular e inmediatamente fue atacado por el interés y el morbo del cotilleo político, lamento decepcionarle. Este texto no aborda una trayectoria personal, ya que eso es labor de (riesgo) de periodistas especializados. En manos de esa personas dejaremos esa labor. 

 

Este texto, en cambio, le dará un panorama general de por qué vivimos con esa situación y confiamos en que podrá dimensionar el impacto que todo esto tiene a nivel social, más allá de lo que sabemos que hace la figura del rector de la universidad pública en la política nacional. 

 

Esta historia inicia hace ochenta años, cuando empezó la Revolución de Octubre. Sabemos por los estudios de historiadores de la educación como Carlos González Orellana y Bienvenido Argueta que la revolución trajo importantes cambios en la forma de realizar la educación, dignificar al magisterio e introducir nuevos métodos pedagógicos. 

 

Sin embargo, no olvidemos que la revolución nació de contradicciones. La masacre de Patzicía, los experimentos con humanos para probar la vacuna de la gonorrea en prostitutas, huérfanos y soldados, y la dependencia de expertos norteamericanos en distintos campos (economía, militares, salud, educación) marcaron profundamente los límites de la revolución. 

 

En ese marco inició en Guatemala una práctica de modernización; ya paulatinamente en el campo de la organización institucional se injertó la noción de cambiar o “actualizar” los planes de estudios. Eso no es exclusivo de Guatemala. En México se vivió un cambio similar por la modernización económica y social del “milagro mexicano”. Pero lo que se evidencia en Guatemala es qué, pese a que hubo un presidente formado como pedagogo en Argentina, en Guatemala imperó el modelo educativo gringo. Eso dice mucho.

 

Y no hizo sino acentuarse más con la contrarrevolución. A partir de 1954, los planes educativos cambiaban de forma constante acorde a los criterios gringos. Y mientras pasaba eso, sucedieron dos cosas de forma paralela. Por una parte, la educación tuvo un corte mucho más militarizado con la presencia de uniformados dirigiendo escuelas secundarias y de nivel preparatorio o diversificado. Y eso también se reflejó en la presencia de muchas maestras que eran esposas de militares que lograban acceder a los puestos debido a las palancas institucionales de los gobiernos castrenses. Mientras tanto, muchos maestros y maestras no podían trabajar porque o habían sido tachados de “comunistas” y tenían vedado el acceso a puestos, o  habían tenido que salir al exilio.

 

La otra cosa que sucedió, y que corrió paralela a algunas maestras, fue que muchos jóvenes estudiantes de los años sesenta y setenta decidieron volverse maestros. En parte era porque el magisterio tenía mucho prestigio social. Al fin y al cabo, habían sido parte del liderazgo de la Revolución de Octubre (junto a estudiantes y militares). Pero también lo que sucedía es que nuevas generaciones vieron en estudiar la carrera de magisterio un camino viable para mejorar su calidad de vida. Eso fue determinante en los departamentos y en especial en el altiplano maya.

 

En eso, mientras tanto, aparecieron las universidades privadas. En parte surgieron porque la élite del país no quería que sus hijos e hijas estudiaran con el populacho que paulatinamente llenaba los salones de clase de la universidad pública, que mantenía un gran prestigio entre los años cincuenta y ochenta. Surgen las universidades privadas y con ello la idea  de que ahí solo iban a estudiar. Y si solo iban a estudiar, pronto se iban a profesionalizar. Y una vez profesionalizados encontrarían trabajo. Y si tenían trabajo, no sería muy difícil mejorar su calidad de vida, tener dinero y poder vivir como rico...o aparentarlo al menos. 

 

Así que tenemos tres situaciones. Planes de estudio de cambio que cambian bajo la guía gringa. El magisterio como un camino para poder mejorar la calidad de vida. La educación privada como sinónimo de “superarse” socialmente. Estos tres elementos serán centrales en los años por venir. 

 

Ahora, viene la guerra. Sabemos que hubo una guerra en Guatemala. Sabemos que hubo un genocidio. Sabemos que hubo una revolución campesina, indígena, urbana y ladina. Todo eso entre los años sesenta y noventa. Usted puede indagarse. Vaya, y aquí este texto le espera de regreso. 

 

Años noventa. Mucha gente está exiliada, desaparecida o muerta. En la universidad pública, eso se vuelve un caldo de cultivo para que muchas personas puedan medrar y ascender en puestos, aunque no tengan realmente la vocación, interés o mística para ser intelectuales. Son solo burócratas con plaza y buscaran todas las vías para mantenerse así. ¿Por qué? Porque saben que si se meten a política revolucionaria los van a eliminar y si pierden la plaza, solo les podría abrazar la pobreza. La universidad entra en una etapa donde personas mediocres se consolidan. No todos, claro está. Hay personas consecuentes y brillantes,  pero luego de la sangría de la guerra son una minoría apabullante. 

 

Mientras tanto, la universidad tiene presencia en todo el país. ¿Y cuál es la carrera más importante de presencia nacional? Pedagogía. Esa es la carrera que de cajón está en casi todos los centros regionales de la USAC en el país. Eso hace que estudiar allí, viviendo en los departamentos, sea una vía lógica. Estudias magisterio o bachillerato, y luego la licenciatura para tener el título de licenciado. Ahora podrás presumir tu título. Crece el país de los licenciados. Que haya licenciados no es problema. De hecho, que crezca la población estudiantil y los graduados es algo normal, esperable y deseable para un país en crecimiento. El problema es: ¿Qué conocimientos se tienen sobre la carrera que se estudia? 

 

¿Recuerdan los planes de estudio que cambian? A eso se suma que desde los años ochenta en toda Latinoamérica se fortaleció la presencia de dos vías de entender la pedagogía. Una, surgida en la región y cristalizada en México por la presencia de muchos exiliados, cuyo eje guía es humanista y crítico con los modelos educativos dominantes. Y otra surgida por los criterios aprendidos por la práctica y la ideología del mercado. Una visión más tecnocrática y enfocada en rentabilidad y ganancia. Su enfoque es reducir gastos y aumentar ganancias. 

 

Esta última es la que va a dominar en la formación pedagógica nacional. Eso va a convertir a los docentes en interventores y a los directores en gestores de la educación. Ya no serán líderes, sino agentes. Y ciertamente, entrará de lleno el conocimiento del desarrollo psicológico del estudiante, pero será en una situación individualizada y clínica, no contextual. Y paulatinamente se volverán  pedagogía se volverá parte de la “oferta” educativa de las  universidades privadas. Y allí privará la noción de la gestión educativa, pero no la del liderazgo social. Atrás quedaron los años del maestro líder revolucionario. 

 

Y como muchas personas quieren superarse y tener un grado académico, muchos estarán dispuestos a pagar para obtener el título de licenciado en Educación o Pedagogía. Es obvio. Es el siglo XXI y solo queda migrar a Estados Unidos, meterse al crimen organizado, pelear por plazas en instituciones o meterse al comercio informal. Ser licenciado es una opción respetable en la miseria que nos tocó vivir y toca apechugar. 

 

Es útil tener un título. Eso te facilita gestionar cosas. Y sobre todo, te facilita situarte por encima de quienes solo son maestros salidos del diversificado. Puedes fundar tu colegio privado de primaria o secundaria. Y los padres de familia inscribirán a sus hijos ahí, porque las escuelas funcionarán como guarderías porque los padres no podrán atenderlos por estar ocupados siendo explotados. Además, ¿escuela pública? ¡Jamás! Ahí solo hay mareros (¿se recuerdan lo que decían de la Normal y el Central y los prejuicios que tuvieron para quienes fuimos normalistas?) Aparece el negociazo de la educación. 

 

Recapitulemos. La educación se enfoca  en una lógica empresarial. La educación es un negociazo. Y la universidad pública se vuelve un coto de poder. Estudias la licenciatura y solo debes pagar para graduarte. Eso o hacer un Ejercicio Profesional Supervisado para la graduación. ¿Qué harán muchos como EPS? Verán las necesidades de sus localidades y harán infraestructura. Poner pisos, arreglar fuentes de agua, poner techos. Básicamente, todo lo que el  Estado guatemalteco no ha hecho por las escuelas rurales. Entonces, si das dinero para graduarte o hacer el EPS, obtienes un título que te permitirá tener una mejor condición que los demás. No una mejor calidad de vida, una mejor condición. 

 

Así la Facultad de Humanidades se vuelve un reservorio de poder porque tiene el control de muchos estudiantes que harán lo necesario para aprobar cursos y ganar puntos. Porque esa es la educación bancaria que Freire criticó, funcionando al 100%. Si el maestro te dice que debes votar por tal o cual candidato, tú lo harás. Así ganas la clase y puedes seguir con tu carrera. Y así la carrera de pedagogía se vuelve una maquinaria de mover palancas y voluntades. De ahí surgen los decanos de la carrera y de ahí a la rectoría solo hay un paso. 

 

Como ven esto es lo que está de fondo de la problemática de la USAC. Obviamente esta explicación es incompleta. Porque no es un análisis completo y solo una opinión-análisis. Esperamos que usted, dilecta y avezada persona lectora, tenga misericordia de estas líneas. En fin , esta situación es mucho más problemático de lo que un titular amarillista (como este) puede sugerir. Son ochenta años de crisis educativa.  Dispensen personas por el gancho, pero era necesario hacer una llamada de atención. 

 

*Universidad Pedagógica Nacional