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Un año de definiciones que marcarán el rumbo de Latinoamérica

30 de agosto de 2026

 

El calendario electoral de América Latina se prepara para un periodo de intensas definiciones. Desde las presidenciales de Brasil en octubre de este año hasta los comicios generales de El Salvador y Guatemala en 2027, la región se juega gran parte de su futuro político en las urnas. Este proceso, sin embargo, no será ajeno a la sombra de una vieja influencia: la injerencia estadounidense, que bajo la figura de Donald Trump, resurge como un factor de desestabilización en la democracia de la región.

 

Brasil: el pulso entre la continuidad y la ultraderecha

La contienda más inmediata es la de Brasil, cuyas elecciones generales se celebrarán el 4 de octubre. La campaña, que arrancó oficialmente el pasado 16 de agosto, presenta un escenario de polarización extrema que se ha convertido en un sello de la política brasileña.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores y en busca de un cuarto mandato, lidera las encuestas con un 39% de intención de voto para la primera vuelta. Su principal rival es el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, quien cuenta con el respaldo de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, actualmente inhabilitado y en prisión domiciliaria.

Las encuestas sugieren una segunda vuelta muy ajustada para el 25 de octubre. Mientras Lula obtendría un 47% frente al 43% de Bolsonaro, la diferencia se encuentra en el límite del margen de error, lo que augura una batalla voto a voto. Este escenario de polarización no sólo define el futuro de Brasil, sino que también proyecta sus consecuencias en la política regional. La presencia de Javier Milei apoyando a Bolsonaro evidencia cómo las nuevas derechas en el continente buscan consolidar un eje de poder.

 

Haití y el istmo centroamericano: procesos en el centro del continente

Más allá del gigante sudamericano, el calendario incluye comicios en contextos de profunda fragilidad institucional. Aunque no se detalla una fecha exacta para Haití (tentativamente las primeras semanas en diciembre de 2026), el país caribeño enfrenta el desafío de organizar elecciones en medio de una crisis de seguridad y gobernabilidad que pone en duda la viabilidad de un proceso democrático limpio y participativo.

En Centroamérica, El Salvador y Guatemala se preparan para sus elecciones generales en 2027. El Salvador celebrará comicios presidenciales, legislativos y municipales el 28 de febrero, con una campaña que ya ha comenzado a perfilarse. El partido oficialista Nuevas Ideas, junto a sus aliados, buscará la reelección (una dictadura a todas luces la de Nayib Bukele), mientras que la oposición, encabezada por ARENA y el FMLN, intentará recuperar terreno. Precisamente, ARENA ya ha presentado su fórmula presidencial con Mayteé Iraheta, en un intento por cohesionar a la derecha tradicional en sus estructuras de cara a los comicios.

Guatemala también celebrará sus elecciones generales en junio de 2027, renovando la presidencia, el Congreso y las alcaldías. El proceso se desarrolla en un clima de renovación de autoridades judiciales y electorales, un factor clave para garantizar la transparencia de los comicios. La presidencia del Tribunal Supremo Electoral, TSE, ha señalado la importancia de la experiencia previa para asegurar un proceso exitoso, mientras el calendario electoral ya está en marcha con el registro de candidatos y la conformación de juntas electorales, una elección importante en la región porque es el único gobierno progresista que queda en el istmo.

 

Un horizonte legislativo más allá del 2027 y 2028

Además de las elecciones ejecutivas, los próximos años serán cruciales para la renovación del poder legislativo en varios países. Si bien la información disponible se centra en los comicios generales, se espera que entre 2027 y 2028 se celebren elecciones legislativas en naciones como Argentina, México y Chile, entre otras. Estos procesos serán determinantes para la gobernabilidad de los nuevos gobiernos y la correlación de fuerzas en el continente, definiendo la capacidad de los ejecutivos para implementar sus agendas de reforma.

 

Un fantasma que regresa y la injerencia de Donald Trump

El análisis de este panorama electoral no puede eludir un factor externo que históricamente ha condicionado la política latinoamericana: la injerencia de Estados Unidos. La figura de Donald Trump, con su retórica y políticas agresivas hacia la región, representa una amenaza a la autodeterminación de los pueblos.

Su administración anterior sentó un precedente al apoyar abiertamente a gobiernos de derecha y desestabilizar a aquellos considerados adversarios, desde Venezuela hasta Bolivia. Su influencia se ha hecho sentir en el actual proceso brasileño, donde el alineamiento de su discurso con el de Flávio Bolsonaro busca inclinar la balanza a favor de la ultraderecha, replicando la estrategia utilizada en las elecciones de 2022 . Esta injerencia no se limita a declaraciones, sino que se traduce en presiones económicas y diplomáticas que buscan condicionar las decisiones soberanas de los países latinoamericanos, socavando la integridad de sus procesos democráticos.

El 2026 y el 2027 serán años de definiciones. Los pueblos latinoamericanos tendrán en sus manos la capacidad de elegir su rumbo, pero deberán hacerlo en un contexto de polarización y de fuerzas externas que buscan imponer su agenda. La defensa de la democracia y la soberanía será el mayor desafío para la región.